Tenía el corazón acelerado a mil por hora. La temblaban los brazos, y las manos la sudaban. Tenía la carta entre sus dedos, jugando con ella. Deslizó la otra mano hacia el timbre de la casa, estaba muy nerviosa. Finalmente decidió apretarlo. Pensó en irse corriendo, pero tampoco la obedecían las piernas. Sin darse cuenta, ya habían abierto la puerta. Esa mañana estaba realmente guapo, con su pelo despeinado cayéndole sobre las cejas, y aquella forma de mirar que tenía, con sus ojos azul claro. Shara se quedó quieta, muda, sin poder articulas palabra alguna, ahora más que nunca se arrepentía de haber llamado al timbre.
- ¡Shara! que bueno verte, ¿qué haces por aquí? -dijo Pool.
- Ehh, hoo-oola-a Po-ol -nunca antes la había temblado la voz de tal forma- yo.. había venido a traerte un cosa.
Shara extendió su mano con la carta hacia Pool, el cual la cogió extrañado.
- ¿Quieres pasar? -la dijo con una sonrisa en la boca.
- No, gra-acias, solamente venía a darte eso, ya me iba...
no sabía como despedirse de él, pero antes de que lo pensara Pool ya se había inclinado hacia ella y la había dado un beso en la mejilla. Shara se fue con un simple y torpe 'adiós', pero estaba contenta de haberlo hecho, aunque la respuesta de él no fuese la que realmente quería oír. Llegó a casa y se tumbó en la cama. De repente sonó el teléfono.
-¿Si? -preguntó Shara.
- Hola, Shara.. -dijo entonces Pool.
